Por Ginés Prieto .-
Con este título la mayoría pensará en qué tiene que ver el jesuita austriaco con nuestro baile. Desde luego culpa no tiene ninguna y, es evidente, que nunca lo escuchó ni lo bailó… no tuvo esa suerte.
Pero es precisamente eso lo que tenemos nosotros. Desde que un día decidí apuntarme a una academia a aprender Lindy Hop reconozco que mi vida ha cambiado. No solo por haberme  iniciado en algo que me gustó desde siempre, como es la unión de la música y el baile, sino porque me ha llevado a conocer un grupo de gente selecta y de lo más especial.
Todos, de un modo absoluto tienen algo que los hace distintos, que les da un toque especial a su personalidad en un grupo de lo más variopinto. Da igual la nacionalidad, el nivel de estudios, edad, raza e incluso la cultura a la que pertenezcan. Hay un eje común, que no es solo la música y el baile, que los distingue del resto.
Cuando comenté esto a un amigo, que no está en el mundo del baile, porque no quiere, porque facultades tiene, me dijo lo siguiente: “Sí  tenéis algo en común: Tenéis sensibilidad cultural y desde luego tenacidad, porque para bailar bien se necesitan ambas cosas, requiere insistir, querer aprender y tener inquietudes, algo que es común a todos. Seguro.”
De este modo sí resulta comprensible que nos juntemos creativos, ingenieros de las más diversas especialidades, investigadores, biólogos, psicólogos, trabajadores del metal, periodistas, informáticos, dependientes y profesionales de las más diversas ramas, pero todos con las características señaladas.
Una vez mi amigo Miguel Ángel me contó que un conocido suyo le había dicho que cuando bailamos parecemos protagonistas de una peli de Disney; lejos de ofenderse le respondió: “Sonreímos porque somos inmensamente felices cuando lo hacemos, tenemos esa suerte”. Pero en realidad no es suerte, nosotros nos lo buscamos.
Me considero de lo más afortunado pertenecer a este grupo. Incluso llegas a conocer gente de otros países, con los que a veces te cuesta comunicarte, al menos en mi caso, porque no dominas su idioma tanto como quisieras, pero que sin embargo consigues hacerlo porque hablamos un mismo lenguaje cultural y nos apasiona lo que hacemos. Tanto es así que que nuestras habilidades lingüísticas avanzan mucho más de lo esperado, nos esforzamos más y mejor para conocernos… y cuando es más difícil en la pista de baile se resuelve con éxito.
Siempre he dicho que nunca me toca la lotería, pero no es cierto, el día que me apunté a bailar me tocó el mejor de los premios: pertenecer a una comunidad de lo más especial.
-Darwin, nunca sabrás lo que te perdiste-.

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