Gordon Webster es un hombre risueño. Lo es en el escenario, cuando interpreta con su banda, y lo es también en las distancias cortas. Quizá esa sonrisa tan natural se deba a que lleva más de quince años tocando y bailando lindy hop por todo el mundo.

La noche de Reyes, Gordon Webster declaró estar encantado de tocar por fin en Madrid de la mano de The World Jam. Nuestra ciudad se le ha resistido más de una vez en los últimos años por cuestiones de agenda. «Tenía pendiente venir a Madrid. Lo hemos intentado en varias ocasiones, una de ellas el último The World Jam, pero no pudo ser. Ahora ya puedo decir que he actuado aquí y, por supuesto, quiero volver

Fue un encuentro emocionante porque ambas partes, músicos y bailarines, lo esperaban con muchas ganas. El público madrileño, integrado por hoppers en su mayoría, aunque también había aficionados al jazz y algún que otro curioso, se entregó sin condiciones al show de Gordon y a su repertorio repleto de tiempos medios. El diálogo que siempre se establece entre el escenario y la pista de baile fue en este caso fluido, intenso, rico en matices y en sensaciones. La sonrisa de Gordon Webster y los músicos de su banda se reflejaba en la de su público durante las dos horas largas que duró el concierto.

Pero lo cierto es que el de Webster no es solamente un set muy bailable: el dinamismo y la elegancia de su puesta en escena invitaban a aparcar los swingouts de vez en cuando y detenerse a escuchar y a admirar el espectáculo, como ocurrió cada vez que los músicos soleaban o hacían un silencio para dejar que la deslumbrante voz de Charles Turner se luciera por sí sola. Ahí parecía detenerse el tiempo, y si hay una manera de medir la calidad de un espectáculo es precisamente esa: la sensación de que el tiempo no ha pasado, o ha pasado volando. La banda de Gordon Webster ofreció justo lo que se esperaba de ellos: un concierto pensado para sacar lo mejor de los bailarines. Para muchos de ellos, el mejor concierto de swing que ha habido en Madrid.

Y no será el último. A Gordon le gusta tocar en nuestro país. «Siempre me impresiona cuando vengo a España ver cómo se vive el swing aquí. He tocado en lugares pequeños como La Garriga donde me he quedado asombrado con el entusiasmo de la gente. Y esta noche he podido comprobar lo estupendo que es el público de Madrid. Ha sido un gran show, lleno de energía

Tras dos semanas de gira que le han llevado, entre otros destinos, a Snowball («era la novena vez que tocamos en ese festival»), su fugaz estancia en Madrid ha sido su última parada antes de volver a casa. «Tengo ganas de estar con mi familia«, nos dijo. Y su sonrisa de padre orgulloso se hizo aún más amplia.

 


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