Aitor Casero_arquitecto

El Ballroom de Big Mama es uno de los proyectos que he hecho que más satisfacciones me ha dado con el paso del tiempo. Suelo ir a bailar y voy siguiendo las actividades que suceden en uno de los focos más importantes de la escena Swing Madrileña.

Sigo manteniendo un  vínculo emocional con el espacio y con Big Mama. Recuerdo lo compleja que fue la obra y el grado de implicación que asumimos para conseguir que los muchos condicionantes legales, técnicos y económicos quedasen silenciados por el “swing” de la sala. El ancho de sus pilares (inicialmente finos pilares metálicos) me recuerdan el esfuerzo que nos supuso a todos los implicados, y en especial al equipo de Big Mama, conseguir ejecutar el aislamiento acústico necesario para poder brindar a Madrid un espacio de baile y música Swing en directo.

Pero… ¿Cómo empezó para nosotros?

Yo recibía clase con Gas y Alba (bailarines, profesores y socios) en Big Mama desde que empezaron y por aquel entonces Daniel García y yo junto con otros compañeros de profesión habíamos  formado la plataforma-red Papalagi y hacíamos la ambientación espacial del ESBF (ESpanish Blues Festival), así que de manera natural surgió hacerlo juntos.

Estuve acompañando a Gas y Alba a buscar locales y cuando se incorporó Manuel (socio capitalista) decidieron apostar por un proyecto  más ambicioso que nos llevo al local donde se encuentra ahora mismo.

La espacialidad del local era completamente diferente y estaba dedicado a un centro de atención y almacén de maquinaria médica. Tenía dos partes que podrían identificarse con las actuales: en un lado estaba la oficina y atención al cliente  (actual Big Mama School) y en el otro el almacén (actual Big Mama Ballroom)

De primeras nos centramos en encontrar la manera de sortear legalmente la limitación de aforo que tienen las actividades de ocio en el centro de Madrid planteando dos espacios independientes y diferenciados con capacidad de funcionar como un único espacio.

Para hacer el proyecto mantuvimos esta diferenciación en dos espacios e hice el Big Mama School junto a   Mercedes Peña (también de Papalagi) y El Ballroom con Daniel García. Para el primer espacio de aula y oficina propusimos un lenguaje más abstracto, funcional y flexible. Aprovechamos los paneles móviles preexistentes en el local médico, para que el aula pudiese variar de tamaño.

En el Ballroom planteamos un espacio más hedonista con un lenguaje que reinterpretaba en clave actual las referencias aportadas por Gas y Alba de los Ballrooms de época (Como el Chicago Studio).

La idea en general del Ballroom era llevarse los elementos “sólidos” hacía el perímetro del local para liberar al máximo la sala , dejando a la vez  paredes libres para un gran espejo y para el espacio de los músicos en las actuaciones en directo.  La barra, la cabina del Dj y los posibles “escenarios” fueron los elementos que más discutimos y movimos hasta que encontraron la ubicación que tienen hoy en día.

 

Estructuramos los usos de la sala con dos grandes muebles que asumen diferentes funciones:

Uno de ellos nace en la cabina de los baños y asume las funciones de sofá, cabina del Dj y armario-almacén. El otro de mostrador de entrada, un largo sofá con mesitas integradas, barra y un armario de almacenaje/sonido. Estos muebles se relacionan con una  cinta que hacía referencia a los letreros de la época dorada del cine y que se convertiría en el principal elemento expresivo de la sala.

 

Otro de los elementos protagonistas en una pista de baile es el cuerpo. Para valorar las dimensiones de la pista de baile y aula, hicimos pruebas en otros espacios en los que dibujamos con cinta en el suelo diferentes propuestas para la sala.  Gas y Alba dieron clase con sus alumnos en esos espacios marcados. También medimos cuánto ocupaba una pareja bailando lindy hop y balboa. Queríamos contener la escala del cuerpo individual y del cuerpo colectivo en el espacio. Por eso en la zona de asientos se recoge el espacio bajando el techo y por eso también la cinta-cartel abraza la pista de baile.

Esta relación con el cuerpo puede verse también en la elección de los materiales. Queríamos darle un carácter táctil, una sensualidad háptica presente en la relación entre los cuerpos en el baile. Decidimos usar madera, terciopelo, papel texturado, vidrio esmerilado, finas cadenas de metal, una tela parecida a la piel… Materiales que provocan sensaciones al ser tocados.

 

Otro protagonista del espacio y el baile es el suelo. El equipo de Big Mama tenía claro que quería tener un suelo de madera de calidad y además quería que ocupase la máxima superficie posible. El criterio que seguimos fue minimizar las zonas que no permitían el baile y que además necesitaban protegerse de la humedad (la entrada, zona de baño y barra). De esta manera el resto del espacio podía tener suelo de baile. La tarima de Big Mama es de madera maciza y se apoya sobre unos elastómeros de caucho que amortiguan el rebote. Cuando estás en la sala notas el rebote y a través del bouncing común se enfatiza un sentido de baile comunitario que es el latido del Big Mama Ballroom.

Aitor Casero_arquitecto

Arquitectas Big Mama School: Mercedes Peña + Aitor Casero

Arquitectos Big Mama Ballroom: Daniel García + Aitor Casero

Ingenieros de acústica: Miguel Vacas Farres

Ingeniería ventilación y clima: Nieves García Poveda

Tarima: Jose Antonio Pinto (Junkers)

Carpintería: Alberto Ruibal Reyes

Pin It on Pinterest

Shares