El Thyssen lleva más tiempo en Madrid que yo, pero ya lo visitaba cuando yo aún no vivía aquí. Primero me llamó la atención el impresionismo: después, y de forma regular, lo he frecuentado atraída por las obras más significativas de principios del siglo XX, fascinada por ese momento irrepetible de la historia de la cultura en que pintores, músicos, escritores y dramaturgos dieron lugar a las vanguardias.

Esos primeros años del siglo pasado la poesía, el teatro, la pintura, influidos por la fotografía y el cine (las artes de más reciente creación, y por tanto, aún callejeras), salieron de los estudios, de los talleres y de los teatros de nuevo hacia las calles, de donde provenían, en una explosión que supuso la ruptura de muchos límites, un auténtico desafío a las estructuras formales convencionales que, a juicio de los artistas de la época, estrangulaban la verdadera expresión artística, la que pretende representar lo que nos rodea de una manera personal, absolutamente original, libre y propia.

La música, por supuesto, no fue ajena a esa liberación formal y de contenido. La banda sonora de aquel momento en los cafés, los teatros, las salas de baile de Berlín, París o Londres era el jazz, la música popular nacida en América que pronto viajó y se instaló en Europa, fruto de la fusión de influencias afroamericanas y europeas, ejemplo sublime de libertad creativa y de improvisación. En mi opinión, fauvismo, expresionismo, cubismo o surrealismo significaron para la pintura lo que el jazz representó para la música: la demostración más clara y evidente de que los artistas de distintas disciplinas y generaciones pueden y deben influirse mutuamente; de que la manifestación artística proporciona el espacio idóneo en el que convivan culturas y orígenes diversos y en definitiva, la prueba irrefutable de que en el arte bien entendido cualquier cosa es posible. Literalmente.

Por todo eso, el domingo 8 de octubre MAD for Swing saldremos a conmemorar el 25º aniversario del Museo Thyssen como solo nosotros sabemos hacerlo: con clases abiertas de jazz steps y lindy hop, exhibiciones de baile y coreografías y un fabuloso concierto de los compañeros de la Spirits Jazz Band. Además, brindaremos por la libertad del arte con una marchin’ band creada para la ocasión que reúne a varios de los músicos más representativos del circuito de jazz tradicional de Madrid. La Thyssen 25 Marchin’ Band recorrerá el barrio de los artistas de Madrid a la hora del aperitivo: el jazz de Nueva Orleans invadirá nuestras castizas calles, en homenaje a ese “hacer arte inspirado en la gente y para la gente” y como celebración de la creatividad, de la improvisación, de la universalidad del jazz y de la propia obra artística.

¿Nos acompañáis?

#ThyssenAtodoSwing

 

 

 

 

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