—Por Jose Antonio García–
Este domingo fuí a Winter Swing Party en La Riviera organizado por las escuelas de Swing de Madrid (buen trabajo). Se supone que éramos unas 900 personas y aunque la sala es grande la pista central se nos quedó pequeña.

Y quería comentar un tema que me causa mucha inquietud desde hace tiempo.

Un concepto que me causó un shock tremendo cuando llegué a España fue el de ESPACIO PERSONAL. No podía creerlo. Vengo del Caribe Me costó años interiorizarlo. Debía tener especial atención con los europeos y su “espacio”. En el norte de Europa es peor. Vale, son los precios de la emigración.

Entro en el mundillo del Lindy Hop y me doy de bruces otra vez cuando voy a bailar y me encuentro con que la gran mayoría de hoppers NO RESPETAN el espacio de baile ajeno cuando hay mucha gente. Me desconcierta la ausencia de conciencia corporal, los líderes lanzan kicks, patadas, codazos, manotazos y a sus followers, bailando como si no hubiera un mañana y nadie más. No chequean antes de hacer movimientos amplios.

No se trata de los empujones, tropezones y pisotones. Tiene que ver con la sensación de seguridad, de comodidad. No me siento bien tratando de esquivar a los que vienen hacia mi con total despreocupación y evitando tropezar a alguien.

No son todos los principiantes, al no saber bailan con más cautela. Tampoco todos los experimentados. Es un segmento intermedio, bien porque quieren impresionar o porque son simplemente descuidados no prestan atención al entorno. No tiene que ver con nivel de experiencia, más bien es por la exaltación.

Para mi es una cuestión de conciencia.

Me gustaría enviarles un mensaje a los bailarines, ya los profes se lo hacen llegar a sus alumnos, estén más pendientes en los lugares llenos para valorar el espacio de los demás.

Foto: Gonzalo Nieto

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